Los templos de Pompeya

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Los templos de Pompeya

Toda ciudad romana contaba con una importante representación de templos, ya que la religión impregnaba todos los aspectos de la vida cotidiana. El edificio de uso religioso más antiguo que se ha identificado en Pompeya es el Templo dedicado al héroe Hércules y a la diosa Atenea (la Minerva de los romanos), situado en el Foro Triangular. El Foro Triangular era el espacio público de la ciudad en los tiempos fundacionales, siendo el primer núcleo social y político del lugar. La construcción del templo data del s. VI a. C y conserva los capiteles dóricos de su momento fundacional, aunque luego sufriera distintas reformas.

Los templos del Foro

El templo dedicado al padre de los dioses, Júpiter, presidía el foro o plaza pública de la ciudad de Pompeya. Tras la adjudicación por parte de Pompeya del título de colonia, hacia el año 80 a. C., el culto se amplió pasando a estar dedicado a la Triada Capitolina. Fue dividido en tres estancias para así poder albergar las estatuas de los tres dioses: Júpiter, su esposa Juno y su hija Minerva.

También en el foro, en una de las esquinas, pero con la entrada en una calle adyacente, se encontraba el templo dedicado a Apolo y Diana, que fue identificado gracias a dos esculturas de bronce que representaban a ambos dioses. Incluye elementos de carácter griego, como los pórticos y el peristilo o pórtico de columnas alrededor de la cella o estancia principal, junto con formas característicamente itálicas, como el podio sobre el que se levanta. Apolo, el dios de las artes y la música, era hermano mellizo de Diana, a la que solemos reconocer por llevar una túnica corta y un arco y unas flechas, todos ellos atributos propios de la diosa de la caza.

El templo dedicado al emperador Vespasiano se situaba junto al Lararium. En el primer caso tenía que ver con el importante culto imperial, ya que el emperador, al morir, pasaba a ser considerado un ser divino. En su interior se localizó un altar de mármol blanco, que representa una escena del sacrificio de un toro, que tal vez sea la representación de la ceremonia de inauguración del propio templo. El segundo, en cambio, respondía a un culto de carácter doméstico, ya que los dioses Lares eran los responsables de la protección del hogar.

Igualmente en las proximidades del Foro, justo detrás de la Basílica, se encontraba el templo de Venus, diosa de la guerra y la inteligencia, protectora de la ciudad. Tras el terremoto del año 62 d. C. fue ampliado con una nueva cella para el edículo o templete del culto a la diosa. Es, probablemente, uno de los peores grandes edificios conservados de Pompeya, de ahí que su visita no sea de las más frecuentadas.

El templo de la Fortuna Augusta, situado también muy cerca del foro, estaba dedicado al que fue el primer emperador, Octavio Augusto. Fortuna, diosa de la buena suerte, estaba ligada a la prosperidad de Roma y al culto imperial. Fue edificado por un personaje insigne de la ciudad, Marco Tulio, que ocupó el cargo político de duoviro. Tulio cedió parte de su propiedad para la edificación de este lugar de culto, en uno de cuyos anexos se ha identificado la vivienda de los sacerdotes que lo gestionaban. El templo fue inaugurado públicamente en el año 3 d. C. En su interior conserva el edículo, el pequeño altar en el que se situaba la estatua de culto. A los lados, cuenta con varias hornacinas en las que irían colocadas estatuas de la familia imperial y, tal vez, del propio Marco Tulio.

El templo de Júpiter Meliquios y el Templo de Isis

En las proximidades del teatro, se encontraron estos dos pequeños templos. El primero de ellos estaba dedicado a Júpiter, al igual que el templo del foro, pero en otra de sus advocaciones, Júpiter Meliquios, dulce como la miel. Estaba adscripción del padre de los dioses estaba relacionada con el mundo de ultratumba.

El templo a Isis es uno de los más originales en lo que se refiere a su planta. Este culto tenía carácter mistérico, es decir, una serie de ritos especiales que implicaban la iniciación de sus seguidores. Presenta un patio interior con un pequeño pórtico de columnas que rodea el templo propiamente dicho. Isis era una divinidad de origen egipcio que se introdujo en Roma a partir del s. II a. C. y alcanzó gran devoción, sobre todo entre las clases populares, ya que propugnaba la existencia de una vida después de la muerte.

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