Los edificios de espectáculos de Pompeya

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Los edificios de espectáculos de Pompeya

El ocio en el mundo romano era de vital importancia. A lo largo del año se sucedían distintas festividades de carácter religioso que solían ir acompañadas de grandes espectáculos,  financiados por los cargos públicos de la ciudad, como forma de propaganda política. De ahí que los espectáculos, al estar subvencionados, estuvieran al alcance de todos los públicos.

El teatro

Las representaciones teatrales estaban destinadas, principalmente, a un público elitista, con mayor educación y cultura. En Pompeya se ha localizado el teatro en las inmediaciones del Foro Triangular. Se fundó a finales del s. III a. C., aunque fue protagonista de numerosas remodelaciones a lo largo del tiempo. Su origen temprano tal vez explique que su estructura tenga influencia de los teatros griegos, ya que está construido sobre una pendiente natural, cuando lo habitual en los teatros romanos es que el graderío apoye sobre una estructura arquitectónica, con una serie de pasillos con bóvedas de medio cañón por las que los asistentes accedían a sus asientos. Además, la orchestra donde se colocaba el coro, tiene forma de herradura, en vez de ser semicircular. Se ha calculado que tenía un aforo de unos 5.000 espectadores.

Contaba con un amplio pórtico por el que los espectadores podían pasearse en los descansos. Curiosamente, en su etapa final perdió probablemente su vinculación con el teatro y fue utilizado como cuartel de gladiadores, ya que se han encontrado abundantes armas en las excavaciones.

Según los antiguos griegos, el teatro había sido creado por el dios Dionisio. En la Grecia antigua las obras dramáticas de autores como Eurípides, Sófocles o Esquilo fueron muy populares. En el caso de Roma, aunque la tradición del teatro fuera de origen griego, el público se identificaba más con la comedia que con la tragedia. Autores como Plauto -y su famoso “El soldado fanfarrón”-, tenían gran éxito.

Junto al teatro de Pompeya también salió a la luz el odeón, con similares características arquitectónicas, pero de menor tamaño. Estaba destinado a los espectáculos musicales y conserva una hermosa decoración de telamones o atlantes arrodillados que sostenían un friso decorado con relieves que hoy se ha perdido.

El anfiteatro

Mucho más populares eran los juegos que se desarrollaban en el circo y en el anfiteatro. En el primero, que no se ha localizado en Pompeya, tenían lugar las carreras de cuadrigas, que película como Ben-Hur han popularizado en nuestro imaginario sobre la Antigua Roma. Sin embargo, sí salió a la luz el anfiteatro, perfectamente conservado. Su construcción data del año 70 a. C. y fue financiada por los duoviros Marco Porcio y Cayo Quintio Valgo, que también sufragaron los gastos de construcción del odeón. Junto a él, se localizó una gran palestra para el entrenamiento de los gladiadores.

En el anfiteatro tenían lugar los llamados Ludi Gladiatorii, más conocidos por todos como luchas de gladiadores. Eran espectáculos de enorme éxito en los que se enfrentaban los gladiadores, luchadores profesionales que se identificaban por una panoplia, tanto defensiva como ofensiva, perfectamente estandarizada. De esta forma, existían distintos modelos de gladiadores, conocidos como el retiario, el hoplomaco, el mirmillón o el tracio, por citar algunos ejemplos.

En los anfiteatros también tenían lugar las venationes, luchas entre distintos animales salvajes que, en el caso de los más exóticos, eran traídos desde Africa. Caso aparte es el de las naumaquias, recreaciones de batallas navales para las que inundaban la arena. De todas formas, éstas debieron de llevarse a cabo de forma excepcional y en acontecimientos muy puntuales que, probablemente, quedaban restringidos a Roma, la capital.

El anfiteatro de Pompeya podía albergar 20.000 espectadores, ya que no sólo era utilizado por los habitantes del lugar sino que convocaba a los de poblaciones vecinas. En el anfiteatro de Pompeya tuvo lugar un curioso acontecimiento histórico. En el año 59 d. C. se produjo un terrible enfrentamiento entre los asistentes a unos juegos, habitantes unos de la propia Pompeya y otros de la vecina ciudad de Nocera.

Cada una de las poblaciones era favorable a un luchador y se generó una tensión terrible entre los partidarios de uno y otro, como lamentablemente ocurre hoy en día en algunos partidos de fútbol. El historiador Tácito narra cómo comenzaron con insultos, pasaron a tirarse piedras y acabaron a puñaladas. El emperador Nerón condenó a Pompeya a no poder organizar espectáculos de este tipo durante los siguientes diez años, aunque tras el terremoto que asoló gran parte de la ciudad en el año 62 d. C. decidió revocar la prohibición.

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