Las termas de Pompeya

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Las termas de Pompeya

Las termas de las ciudades romanas eran los baños públicos a los que acudía la población como práctica higiénica. Además de esta función, servían como lugares de ocio y de encuentro. Contaban con una serie de estancias con agua a distinta temperatura: el caldarium contenía baños con agua caliente; el tepidarium, templada; y el frigidarium, como su propio nombre indica, agua fría.

Las estancias se calefactaban gracias a un complejo sistema denominado hipocausto: un horno o praefurnium, alimentado con madera, generaba continuo aire caliente que se extendía por debajo del suelo de las estancias, a través de los huecos que dejaban las pilae o pequeñas columnas, que sustentaban el suelo. También las paredes solían estar huecas para permitir que el aire caliente subiera a través de ellas. De esta forma, no sólo se calentaba el agua, en contacto con el suelo caliente, sino todo el ambiente de las habitaciones caldeadas.

Las termas de Pompeya

Pompeya era una ciudad de suficiente entidad como para contar con distintos edificios termales. De momento, se han identificado cuatro termas públicas: las Estabianas, las del Foro, las Suburbanas y las Centrales.

Las termas de mayor tamaño eran las Estabianas. Toman el nombre de su ubicación, en el cruce de la Vía de la Abundancia con la Vía Estabiana. Son las más grandes con una hermosa palestra, donde se practicaba el ejercicio físico. Contaban con dos sectores separados, uno para los hombres y otro para las mujeres, con dos vestíbulos independientes. Ambas secciones compartían el praefurnium donde se generaba el aire caliente necesario para el mantenimiento de las estancias calefactadas. Conservan gran parte de la decoración original, restaurada tras el cataclismo del año 62 d. C., con hermosas figuras realizadas a molde en estuco.

Las termas del Foro, como su nombre indica, están situadas en las inmediaciones del foro y mantienen el esquema bipartito de las Estabianas, con una sección masculina y otra femenina. El apodyterium, nombre en latín del vestuario, conserva los orificios en las paredes en los que encajaban las estanterías de madera en las que se dejaban las vestimentas y objetos personales de los visitantes. La sala más hermosa es el tepidarium, con decoración de unos telamones o atlantes en las hornacinas.

Las Suburbanas estaban en las inmediaciones de la Puerta Marina. Las Centrales tenían como pecualiridad que eran exclusivas para hombres y que añadían un laconicum que podríamos entender como el equivalente a nuestra sauna.

La distribución del agua en la ciudad

El agua en la ciudad no sólo estaba presente en las termas. En Pompeya se conocen 43 fuentes públicas, construidas tras la realización del acueducto, en época de Augusto, que abastecía de agua a la ciudad. El agua llegaba hasta un depósito, el castellum aquae, que también ha sido identificado, desde el que distribuía por toda Pompeya. La mayoría de las fuentes están situadas en los cruces de las calles y decoradas con sencillos relieves con emblemas, como una cabeza de toro, o personajes mitológicos, como una representación del dios Mercurio.

Tiendas y demás comercios

Una buena sesión en las termas podía abrir el apetito. En Pompeya, como en cualquier otra ciudad romana, abundaban los thermopolia, establecimientos de comida que equivalían a nuestros bares de hoy en día. No hay que confundirlos con las tabernae, que debemos traducir como “tiendas”. Los thermopolia solían tener una barra en la que se “incrustaban” grandes vasijas de cerámica que conservaban los alimentos a la venta y cuya boca asomaba en la superficie. También relacionadas con la alimentación de la ciudad son las 34 panaderías que se han localizado con molinos de piedra volcánica, con una parte fija –meta– y otra móvil –catillus– que podía moverse con tracción animal para hacer girar la piedra de arriba y de esta forma moler el grano.

Y ya que hablamos de negocios y tiendas, podemos recordar algunos otros ejemplos de distintos oficios y actividades cotidianas. Las fullonicas eran el equivalente a nuestras tintorerías, a donde las clases sociales más altas acudían para lavar y poner a punto sus prendas. La toga era la vestimenta masculina más habitual entre los ciudadanos romanos y para blanquearlas era común el uso de la orina. Solían contar con grandes cubetas, recubiertas de opus signinum, un acabado impermeable, para sumergir y remover las prendas.

También se han encontrado negocios menos prosaicos, como tiendas para la venta de perfumes, que se comercializaban en pequeños envases de cerámica o vidrio. Y si de ocio hablamos, no podemos dejar de mencionar el lupanar, uno de los lugares más visitados por los turistas. La prostitución era algo común en la antigua Roma y se llevaba a cabo en lugares como éste. En el caso del famoso lupanar pompeyano, pueden verse lechos de obra que se utilizaban para prestar los servicios a los clientes y pinturas eróticas en las que se mostraban los distintos servicios ofrecidos por el local. El de Pompeya cuenta con dos pisos y hasta un total de diecisiete habitaciones.

Tenemos secciones especiales sobre las casas privadas de Pompeya, los templos de Pompeya y la necrópolis.

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