La erupción del Vesubio y el cataclismo de Pompeya

Conocer las ruinas 0 25
La erupción del Vesubio y el cataclismo de Pompeya

El Vesubio es un volcán en activo que se encuentra a unos 20 kilómetros de la ciudad de Nápoles. Aunque ha pasado a la historia por haber sepultado Pompeya y otras ciudades romanas de la Campania, el Vesubio ha tenido numerosas erupciones a lo largo de la historia con mejores y peores consecuencias. Algunas de ellas tuvieron lugar durante la Prehistoria, siendo las más impactantes las que se han datado hacia el 6000, 3500 y 1800 a. C. Los arqueólogos han encontrado dos asentamientos de la Edad del Bronce que presentan evidencias de la más reciente de las erupciones prehistóricas. Sin embargo, esta erupción del II milenio a. C. no fue tan dramática, ya que no se han encontrado apenas evidencias de cadáveres. Los habitantes, por tanto, debieron de huir en las primeras fases de la erupción volcánica.

No ocurrió lo mismo con la más importante y famosa de todas las erupciones del volcán, la que ha permanecido en nuestra memoria y tuvo lugar el 24 de Agosto del año 79 d. C. Fue precedida por un potente terremoto, casi veinte años antes, en el año 62 d. C., que causó importantes daños en la ciudad. Ésta estaba todavía en proceso de reconstrucción cuando tuvo lugar la terrible catástrofe.

La erupción del año 79 y el testimonio de Plinio

Plinio el Joven, sobrino del famoso naturalista latino Plinio el Viejo, escribió una carta al historiador Tácito, narrando la muerte de su tío por causa de la erupción del Vesubio. Plinio el Viejo, que ha pasado a la historia como autor de la “Historia Naturalis”, una completa descripción geográfica y cultural de los territorios que por aquel entonces pertenecían al Imperio Romano, estaba en ese momento al mando de la flota imperial en Miseno, en las proximidades del Vesubio. Su joven sobrino de 17 años se encontraba en su casa cuando aconteció el cataclismo y de ahí que tengamos un testimonio directo de cómo fueron los acontecimientos a partir de aquel día terrible del verano del año 79 d. C.:

“Estaba en Miseno y presidía el mando de la flota. El día 24 de agosto en torno a las 13 horas mi madre le indica que se divisa una nube de un tamaño y una forma inusual. […] Sube a un lugar desde el que podía contemplar mejor aquel fenómeno. Una nube estaba surgiendo. No se parecía por su forma a ningún otro árbol que no fuera un pino. […] Unas veces tenía un color blanco brillante, otras sucio y con manchas, como si hubiera llevado hasta el cielo tierra o ceniza. Le pareció que debía ser examinado en mayor medida y más cerca, como corresponde a un hombre muy erudito. […]”

Plinio decidió aproximarse al volcán para examinar en detalle el fenómeno que estaba contemplando, embarcándose para aproximarse a la zona por mar. Su sobrino retoma la historia: “Ya caía ceniza en las naves, cuanto más se acercaban, más caliente y más densa; ya hasta piedras pómez y negras,  quemadas y rotas por el fuego; ya un repentino bajo fondo y la playa inaccesible por el desplome del monte. […] Entre tanto desde el monte Vesubio por muchos lugares resplandecían llamaradas anchísimas y elevadas deflagraciones, cuyo resplandor y luminosidad se acentuaba por las tinieblas de la noche”.

Volvió a su hogar para encontrarse al día siguiente una situación todavía más dantesca: “El patio desde el que se accedía a la estancia, colmado ya de una mezcla de ceniza y piedra pómez  se había elevado de tal modo que, si se permanecía más tiempo en la habitación, se impediría la salida. […] Atan con vendas almohadas colocadas sobre sus espaldas: esto fue la protección contra la caída de piedras. Ya era de día en otros sitios y allí había una noche más negra y más espesa que todas las noches. […] Se decidió dirigirse hacia la playa y examinar desde cerca qué posibilidad ofrecería ya el mar; pero éste permanecía aún inaccesible y adverso. […] Apoyándose en dos esclavos se levantó e inmediatamente se desplomó, según yo supongo, al quedar obstruida la respiración por la mayor densidad del humo […]. Cuando volvió la luz (era el tercer día, contando desde el que había visto por última vez) se halló su cuerpo intacto, sin heridas y cubierto tal y como se había vestido. El aspecto era más parecido a una persona dormida que a un cadáver”.

Podemos imaginarnos multitud de historias como las de Plinio, la incertidumbre de los habitantes de la zona ante los futuros acontecimientos, sus zozobras para decidir si permanecían en sus hogares o huían con el máximo de pertenencias que pudieran rescatar… Los que decidieron quedarse o no tuvieron medios para escapar, contemplaron durante los tres días que duró la erupción las nubes de gases tóxicos, las lluvias de ceniza y piedra pómez y las coladas de lava que, finalmente, sepultaron las ciudades del entorno del volcán.

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