La ciudad de Oplontis

Conocer las ruinas 0 40
La ciudad de Oplontis

Oplontis es uno de los yacimientos arqueológicos menos conocidos del conjunto afectado por la erupción del Vesubio. Gracias a ello, es mucho menos frecuentado que Pompeya o Herculano y su visita, por tanto, mucho más tranquila. La estación de Torre Anunziata de los trenes de cercanías nos deja muy próximos a este yacimiento que realmente merece la pena visitar.

Al igual que ocurre con Boscoreale, no era una ciudad al estilo de Pompeya o Herculano, sino un pequeño asentamiento urbano, con algunos edificios públicos, y un conjunto de diferentes villas de carácter rural. Entre éstas se encuentran la de L. Crassius Tertius, conocida por los arqueólogos como Villa B, la de Caius Siculius, o la suntuosa villa de Popea que es la que es accesible al público hoy en día.

La villa de Popea

Esta lujosa mansión es conocida con el nombre de Villa de Poppea, ya que hay autores que creen que era propiedad de este personaje histórico, Poppea Sabina, segunda mujer del emperador Nerón. La vivienda comenzó a excavarse a través de un túnel en el s. XVIII aunque la intervención científica y sistemática no se inició hasta 1964, prolongándose veinte años. Si visitando Villa Regina en Boscoreale podemos hacernos una idea del funcionamiento de una casa de campo con explotación agrícola, la Villa de Poppea nos permite recrear lo que habría sido una mansión señorial, con una exquisita decoración y todos los refinamientos de la época. Fue construida a mediados del s. I a. C. y después ampliada en época del emperador Claudio. Curiosamente, estaba deshabitada en el momento de la erupción, tal vez por estar en proceso de reparación.

Uno de los elementos más significativos de la Villa de Poppea son los frescos que se conservan de forma extraordinaria en todas las habitaciones. A diferencia de los de Pompeya y Boscoreale, que mayoritariamente están en museos, los de Oplontis se conservan maravillosamente in situ. En algunos casos son arquitecturas de carácter realista que agrandan el espacio al presentar elementos en profundidad y grandes ventanales dibujados que parece que realmente se abren hacia magníficos jardines pintados con vivos colores. La profundidad de la escena se consigue con logrados efectos de perspectiva, como columnatas que se pierden en el espacio. Elementos decorativos como máscaras teatrales o pavos reales realzan la belleza de las escenas. No debe de ser casualidad la presencia del pavo real, ya que, como animal que simbolizaba a la diosa Juno, esposa de Júpiter, podía ser una alusión a la propia Poppea.

Especialmente notables son las pinturas del salón, que representan un santuario dedicado al dios Apolo, simbolizado a través de un trípode de bronce. La composición de elementos arquitectónicos y vegetales genera una auténtica escenografía teatral. En el triclinio o comedor también se representan estructuras arquitectónicas con unos templetes de planta circular decorados con estatuas de divinidades femeninas. Un detalle de especial refinamiento en esta estancia es la representación de una cesta con higos, de gran realismo.

Hasta tal punto era lujosa esta casa que incluía unas pequeñas termas de uso privado. El caldarium o sala calefactada de los baños estaba al lado de la cocina para aprovechar el calor de ésta, aunque luego perdió su función original e incorporó frescos de temática mitológica, que tienen a Hércules como protagonista.

La casa también contaba con distintos jardines rodeados de pórticos o peristilos, en los que se han replantado especies originales de la época para recrear el ambiente. Una natatio o gran piscina a cielo descubierto cierra la visita, con sus impresionantes 60 metros de largo. Nos recuerda a la que se localizó en la Villa de los Papiros de Herculano.

Pero no todos los espacios localizados en la mansión estaban destinados a sus dueños. Los locales interiores se dedicaban a funciones serviles y de mantenimiento del hogar, mientras que las habitaciones de los esclavos estaban situadas en el segundo piso.

Por último, la colección escultórica, también muy rica, estaba conformada por copias romanas de originales griegos de época helenística, es decir, del s. III y II a. C. Algunas de las esculturas eran elementos decorativos de fuentes y, por tanto, estaban situados en los jardines, tan habituales en la villa.

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